Liberación

El martes 18 de mayo estuve disfrutando de una preciosa película por la Internet. El titulo de esta película es Moisés. Es la última producción que conozco acerca de este héroe de la fe. En la Biblia, la carta a los hebreos en su capitulo once y verso 24 dice… por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón.

Viene a mi memoria un recuerdo del año 1994, ocasión en la que vi por primera vez esta versión de la película. En aquel tiempo vivía situaciones muy difíciles. Claramente recuerdo que el día que pude alquilar esta película en una tienda de videos estaba luchando horriblemente con tentaciones sensuales. Gracias a Dios esta fue la cinta que lleve a casa. Por esos días yo estaba en un proceso fuerte para tomar decisiones claves para mi vida, contando con 28 años de edad. Vivía fuertemente en el corazón la certeza de la voz de Dios llamándome a servirle. Cuando estaba apreciando la película el señor me toco preciosamente cada parte de mi ser, me conmovió profundamente y con todo el mensaje, con cada escena sacudió mi vida hasta caer solitario en la sala de mi casa, de rodillas llorando desde lo mas interno, iluminado por la verdad, yendo a la  conclusión de una idea reveladora. Aquella idea fluía más de mi espíritu que de mi alma o de mi mente. Cual era la idea? No era una ocurrencia; supe que muchas cosas al parecer raras que yo vivía desde niño no eran otra cosa que la certeza en mi espíritu de la  vocación al servicio de Dios.

Cual Dios?  o… Cual dios?

Moisés sabía que era hebreo pero fue criado en Egipto, educado, preparado, adiestrado, acostumbrado en Egipto.  No obstante en verdad nunca se sintió o concibió como parte de esto, pues el sabía que su ser era hebreo.  Recuerdo como a mi mismo Egipto o es decir el sistema del mundo me educó.  Mis padres me sugestionaron con dos cosas muy difíciles de vencer.  Constantemente me decían lo sobresaliente que yo era y lo exitoso que yo iba a ser.  Con esto me trastornaron la identidad.  Crecí con un ego y un orgullo fuera de lo común.  Los demás no lo notaban, pero esas dos cosas dentro de mí eran un tormento horrible, eran como los terribles capataces de los egipcios que lastimaban sin misericordia a cada esclavo hebreo.  Ese sufrimiento era mayor aun cuando yo, trataba de usar mis capacidades para rendir en Egipto, en el mundo, en mi grupo social.  Competía con todos y lo peor competía conmigo mismo para ser cada día mejor. Esto en mi interior era una verdadera tortura.  Yo no era egipcio, yo no servía para esto, en realidad, mi identidad era la de alguien que deseaba ardientemente caminar con Dios… Cual Dios?

En la locura que había vivido tenía varios dioses.  El dios fama, dios yo mismo, dios egoísmo, dios ira, dios intolerancia, dios escape, dios lujuria, dios violencia, dios orgullo, dios vanidad y otros diosecitos.  Pero aquel día de la película Dios, el Dios de Abraham, Isaac e Israel se manifestó.  Lo curioso era esto… parecía que la zarza era yo mismo, ardía pero no me consumía y desde el corazón el me habló.  Me habló de liberar a los esclavos, uno de esos era yo.  Mi propia familia y gente que conocía, apreciaba y amaba.

También le dije a Dios, Señor que señales tendré para convencer a ellos de que tu me enviaste?… El me hizo saber… la señal eres tu mismo.  Tu cambio será notorio, tu vestido, tu forma de ser, de actuar y de hablar y se darán cuenta y dirán que a alguien como tu, el único que lo hubiera podido cambiar sería Yo.

Señor… quien les digo que eres… cual es Tu nombre?  Supe que era Yahvé que se manifiesta al hombre por Jesucristo y se comunica por el Espíritu Santo.  Ese día fue terriblemente especial marcando un punto de quiebre para decirme a mi mismo… ya no más, voy a ser quien soy y Dios es quien me puede descifrar todo esto.  Comencé a buscarlo más y más como persona que El es, como Dios, como Padre, como salvador, como sanador, como transformador y en fin, poco a poco y poniendo mucho empeño le conocí más y más.  Dios mismo quería que yo hiciera esto y me dio la fuerza y el valor para lograrlo.

Hoy tengo 44 años y muchísimas cosas han pasado para bien. Al igual que a los hebreos, faraón y Egipto no me querían soltar así no más.  Pretendían continuar dominándome a mí  y a lo que me pertenecía. Las cosas materiales y galardones no eran todas las pertenencias.  Hablo de algo muchísimo más valioso como la identidad, la libertad, el amor verdadero, el gozo, la paz, las virtudes, los valores, la autoridad real, la sinceridad, la generosidad, entre muchas otras cosas inmateriales sumamente valiosas.  Tesoros de verdad.  Al iniciar la batalla Dios se mostró poderoso, restaurador y comenzó a ayudarme a exponer o a sacar a la luz, cosas falsas que había en mí para progresivamente colocar El mismo las verdaderas.  Esto exige perseverancia y valentía y Dios pone también todo aquello.  Como dijo San Agustín  “El que te creo sin ti, no te salvará sin ti”.  Hay que participar, hay que pelear, pues los premios son bien grandes, por ejemplo… una bella y eterna amistad con Dios y tu propia persona.  Estos trofeos lo valen todo.

Ánimo, ánimo, ánimo… con cariño…

El sembrador

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s