Yo soy mi casa

Cuando pensamos en una casa pensamos en protección, en un lugar seguro para vivir, jugar y crecer.

Bueno los niños son como casas que se deben cuidar.

Una casa tiene puertas y ventanas, si las dejamos abiertas pueden entrar cosas buenas: Los rayos del sol, el aire, el aroma de las flores, el olor de la tierra mojada, el canto de los pájaros, etc.  Y también cosas malas: Polvo, basura, insectos, animales no deseados, un ladrón o un extraño.

Cuando no limpias tu casa con frecuencia la basura y el polvo hacen que se vea fea y huela mal. Los insectos y animales pueden causar daño y con el tiempo pueden llegar a destruirla.  Un ladrón entra a robar lo valioso que hay en ella  y mientras busca muchas veces destruye lo que encuentra a su paso.  Algunas veces los ladrones matan para poder robar.

Cuando un extraño entra en la casa y se da cuenta que nadie está cuidándola puede pensar en apoderarse de ella. Algunos extraños se hacen pasar por gente amigable y educada. No todos los extraños son malos, pero debemos ser cuidadosos y preguntarle a Dios si podemos confiar en alguien o no.

Si entrara un extraño malo, le dirías “Fuera de aquí”,  si el que esta en casa es un pequeño, necesitaría de un adulto (sus padres o autoridad) para que le ayude a sacarlo y no le haga daño.

Luego se cierran puertas y ventanas. Quizá el extraño este enojado por no lograr su objetivo y desee volver con siete más como él para entrar nuevamente.

Pero esto no significa que se van a tener para siempre cerradas las puertas y las ventanas.  Habrá días en que se querra que los rayos del sol o el aire entren, pero no se deben dejar las puertas y las ventanas descuidadas, se debe fijar que solo cosas buenas entren a través de ellas.

Es muy importante que los padres cuidemos las hermosas casas que hemos recibido por hijos, la Biblia dice que nuestro cuerpo es la casa de Dios 1 Cor. 6:19.

Esto lo digo por que si nuestros niños son como casas, sus cuerpos  tienen puertas y ventanas.  Los oídos, nariz, boca y manos son las puertas.  Los ojos son las ventanas.

Cuando se dejan abiertas, cosas buenas y malas pueden entrar en ella.  Buenas como: Alegría, gozo, paz, fe, el amor de nuestros padres, amigos y principalmente el amor de Dios.

También cosas malas como: Música Heavy metal, malas conversaciones (la Biblia dice que estas corrompen las buenas costumbres), chismes, el humo del cigarrillo, bebidas alcohólicas y drogas. Películas o programas de TV con escenas dañinas como, envidias, morbo etc. Revistas o libros con contenidos indecentes o brujería, violencia o muerte. Y que después de entrar se roban la tranquilidad y la paz.

Algunas de estas cosas entran cuando por descuido las puertas y ventanas abiertas no son vigiladas para detectar que esta entrando o quiere entrar. En muchas ocasiones nos acostumbramos a dejar a los chicos a la deriva pegados a la TV o conectados a un juego de video generando esto una adicción en ellos, o ingenuamente dejandolos a solas largos tiempos con amigos sin discernir el tipo de conversaciones que tienen, es entonces cuando un “extraño” ha entrado a la mente de los chicos con información errónea y los controla.

Es entonces donde los adultos encargados desempeñamos una labor fundamental, podemos ir por la vida dormidos sin darnos cuenta, creyendo que desempeñamos una buena labor.  Pero he visto muchos casos en que los padres se desilusionan por que sus hijos hacen cosas que jamás se imaginaron llegarían a hacer. Y esto no lo digo para llenarnos de terror y esperar siempre lo malo, sino para más bien estar avisados.

Es como cuando plantas una semilla  esperando que en algún momento germine, para luego colocarla en buena tierra (buena base familiar que das a tus hijos recién nacidos),

dependiendo del abono y el buen riego que les des (amor verdadero, principios, valores, buenos hábitos), cuidado de que las plagas o bichos no la destruyan o atrofien  su crecimiento ( vigilancia de lo que entra en el corazón y mente del niño) y que si al ir creciendo su tronco es débil y tiende a torcerse lo amarraras a un palo fuerte  para guiarlo rectamente ( padres o tutores que lo corregirán a tiempo).

Convirtiendose en un hermoso árbol de tronco fuerte, que dará beneficios a los que se acerquen a el (el adulto sabio, generoso y feliz que deseamos sean nuestros hijos).

Todo esto te lo escribo de esta manera, ya que Dios uso personas para trasmitírmelo y no quiero quedármelo, pues ha sido de gran bendición para mi familia y para mí, y también lo deseo para ti.

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