En las buenas y en las malas

Recuerdo un par de historias que pueden describir un poco esto, de la relación con El Señor.

Hace algún tiempo una chica muy hermosa conoció a un joven muy apuesto, gerente de una empresa y quien manejaba un hermoso auto.  El tenía muchos de los requisitos, que algunas mujeres desearían para el hombre ideal. Bueno se enamoraron y decidieron formalizar su relación. Aparentemente todo iba muy bien, pero por esas cosas de la vida algo dio un giro inesperado y este joven fue despedido de su trabajo.

Ahora solo le quedaba lo apuesto, ya no se veían los restaurantes a la carta, los viajes, la ropa de marca, en fin.  La chica se desespero por la presión, ya que eran demasiado los conflictos por la parte económica y decidio dejarlo.

En otra ocasión, un par de chicos uno de 8 y el otro de 10 decidieron un día hacer un pacto de amistad, prometiéndose lealtad y ayuda por siempre. Desde ese momento hasta su vejez se acompañaron en los momentos más difíciles, en los más alegres; se consolaron, se perdonaron. Estuvieron siempre allí y sabían que podían contar el uno con el otro.

Un día le hable a Dios, y le dije: Señor, yo quiero saber si esta vida tiene un mayor sentido al de nacer, comer, trabajar, realizarse, reproducirse y morir. Por favor muéstrame con que propósito me creaste.

Unos meses después invite a Jesús a hacer parte de mi vida, le dije: Señor Jesús ven, entra en mi corazón, quiero conocerte y saber realmente quien eres. Ayúdame por favor a poner en orden mi vida por que hay ocasiones en que no le hallo sentido. Te puedo decir que cuando lo tuve en cuenta El empezó a tenerme en cuenta a mí.

Fue transcurriendo el tiempo, y se que El  me observaba pare ver si realmente era cierta esta invitación o si solamente lo decía por un interés egoísta (Señor dame esto, necesito aquello). Y podrías decir: ¿entonces todo te empezó a salir bien? Realmente no fue así, mi esposo no pudo seguir trabajando y yo tampoco. La situación económica se torno muy difícil, se que El permitió cosas para ver si yo me desesperaba y salía corriendo a conseguir de alguna manera lo necesario, pero al mismo tiempo me doto de una paz que sobrepasa todo entendimiento, lo que hacía que tuviera una confianza inexplicable en El.

En una ocasión cuando ya la nevera estaba vacía, tenia temor de comentarle a Richard que ya no habría almuerzo para el día siguiente, pues el siempre se angustiaba muchísimo y yo sabía que no tenia dinero.  Esa noche  de repente llamo mi cuñada a invitarnos a almorzar. Era un sábado, comimos bandeja paisa con chicharrón, a todo dar como dicen los mexicanos. Gracias Señor.

Al llegar a casa en la tarde, en la recepción  del edificio me encontré con la Señora Coni quien estaba aseando el edificio contratada por la administración, y le dije al ver una cantidad de paquetes, cajas y bolsas:  Huuyyy Señora Coni que mercadote el que le trajeron. A lo que ella me contesto: Eso le digo Señora Adriana, hace unas horas vinieron unas personas en un carro y dijeron que todo esto era para el 501, que de parte de la iglesia. Lo que me sorprendió pues a la iglesia que asistíamos, no comentamos nada de nuestra dificultad económica.

Cuando comencé a abrir ese mercado me puse a llorar, nunca mientras Richard y yo trabajamos logramos hacer un mercado de semejante tamaño, recuerdo la margarina más grande , el aceite de girasol, variedad de carnes, granos, frutas, verduras, leche, chocolate, café, etc… hasta golosinas para los chicos. Aun no sabemos quien nos bendijo de esa manera y en el momento justo, pero me hizo recordar de una palabra que esta en la Biblia: Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda. Gracias a estas personas que se dejaron guiar por El Señor y que fueron anónimas para que pusiéramos nuestra confianza solo en Dios.

Y para acabar de completar una hora después mi mami llego con otro mercado para nosotros. Realmente no podía acomodar tanto en mis alacenas, que me toco compartir.  No fue la primera y ni ha sido la última pues El nos sigue sorprendiendo, hasta este momento.

Señor siempre te amare, siempre te seguiré y siempre te serviré, en las buenas y en las malas. Siempre serás mi Dios.

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